Las mentiras de internet y el poder ciudadano

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¿Es real el “empoderamiento” de la sociedad gracias a la red? ¿Realmente estamos cambiando el mundo poco a poco? ¿Podemos llegar a cambiarlo? Fenómenos como twitter y las guerras libradas contra grandes corporaciones cuyos caídos en combate se cuentan por el posicionamiento en Google son vendidos por los evangelistas del dospuntocerismo como la señal divina que separará las aguas y nos hará libres, por fin.

El “usted no sabe con quien está hablando” se ha convertido en “cuidado con no atender mi reclamación que tengo un blog“. Es la revolución webchevique. Juntos, podemos hasta desvelar secretos gubernamentales en forma de cables… Internet nos hace libres. Wikileaks lo ha demostrado. Nada puede ocultarse, nada queda impune mientras un sólo usuario pueda contarlo en la red social de turno. ¿Pero y si no es más que otra gran mentira?

Personalmente, tengo serias dudas sobre la realidad del pensamiento lateral que se está produciendo en los últimos tiempos. ¿Es internet el paradigma de la democracia y la libertad? Mucho me temo, que al contrario, nunca ha sido más fácil manipularnos. Me explico.

Viernes 3 de diciembre de 2010. El hashtag #controladores llega a trending topic mundial en twitter por el impacto que supone el cierre del espacio aéreo español forzado por el abandono de sus funciones del colectivo implicado y la respuesta gubernamental en forma de estado de alarma que los militarizaba. De pronto, las noticias llegaban más rápido a través del pajarito azul que por los medios tradicionales. Y sobre todo, de forma más directa. De nuevo, algo parecido al periodismo ciudadano en acción. Todos tenían algo que decir. Unos apoyando al gobierno, otros no. La mayoría atacando a los controladores, y sólo unos pocos validando el derecho a la defensa de sus intereses. Muchos opinando, los más retuiteando… ¿Era eso el pulso de la calle? Sin duda lo era, pero de la calle Twitter. ¿Era eso la realidad?. Pues depende lo que entendamos por realidad. A mi me pareció más un linchamiento popular en forma de 140 caracteres que un debate serio. Muy pocos enlaces, y muy poca réplica. Populismo, demagogia, convencionalismos… Los más hábiles con las palabras podrían convencer a quien no sabe el fondo del asunto más que de oídas. Porque Twitter no da para mucho más que entender algo de oídas. Y así, igual que los agitadores pueden manejar a las masas en la calle, es aún más fácil hacerlo en donde un impulso nos puede hacer propagar las ideas de otros con sólo un click. Si twitter tiene un poder, a mí me da bastante miedo pensar que con un poco de labia, se puedan propagar según qué cosas.

Lo que pasa es que está por ver el verdadero alcance de ese poder. Yo sigo diciendo que no me lo acabo de creer. La web social es mucho ruido y pocas nueces, aún. Y tengo mis propias pruebas.

Hace dos semanas, me dirigía a un auditorio lleno de “nativos digitales” y realicé un pequeño experimento, sin valor científico. Lo primero que hice fue preguntarles por “Nestlé”. Y todos conocían la marca. Después les pregunté por “Kit Kat”, y también conocían las chocolatinas. Pero después, les pregunté si alguno sabía qué problema habían tenido en internet. Nadie respondió. Les di más pistas, pero ninguno había oído hablar del aceite de palma. Os desafío a cualquiera a realizar esa pregunta en cualquier supermercado de España, y me apuesto a que será muy difícil que encontréis a más de una persona que os responda que conoce el presunto exitazo de Greenpeace.

Puede que algo esté cambiando, poco a poco, ya que es cierto que Nestlé acabó negociando una salida a la crisis, que se desarrolló en internet, pero hubiera podido ocurrir en la prensa tradicional (¿o tal vez su poder económico como anunciante lo hubiera impedido?). Pero no nos engañemos. Nestlé lleva años posicionando sus marcas y sus productos en la mente del consumidor con una arma muy poderosa llamada publicidad, y derribarla no será fácil usando otras armas mucho más complejas, como el razonamiento del público.

Porque una de las claves de la publicidad es que lanza sus mensajes de forma sencilla, tratando de evitar que el público piense mucho. Los publicitarios no queremos que la gente piense. Queremos que la gente desee lo que anunciamos, y lo hacemos con mensajes muy sencillos. Como si fueran tuits. Te lanzo una idea que te guste, y espero que no la pienses mucho. Sólo que la asumas como tuya…

Así que este es el entorno en el que nos movemos. Un entorno en el que reina la superficialidad, disfrazada de profundidad, y en el que el exceso de información se confunde con la calidad de la misma. Entras en twitter y de pronto, parece que está lleno de expertos en política internacional, en economía o en Fórmula 1. Pero twitter no nos hace más listos, nos hace más charlatanes.

Hemos pasado de creernos informados por leer los titulares de los periódicos en el kiosko, a pensar que sabemos qué está pasando por leerlo en 140 caracteres, o ver un enlace en facebook. Las herramientas están ahí. Tienen un potencial increíble, pero ¿cuántos realmente las usan para llegar a la auténtica información? ¿y cómo saber si esa información es la que necesitamos?

En 1898, Randoph Hearst, inmortalizado como el Ciudadano Kane, presumía haber provocado la guerra entre USA y España y que acabó con nuestra presencia en Cuba. ¿Era ese el poder del pueblo, de los medios y de la información? ¿es el fundador de Wikileaks el nuevo ciudadano Kane?

Si lo miro desde cierta perspectiva, todo el cablegate me resulta muy extraño. Aparentemente es el triunfo de la información independiente y el poder del usuario de internet para propagar la verdad oculta. Pero no lo tengo tan claro. Tengo la extraña sensación conspiranoica de que todo es una enorme farsa. Hasta el momento de escribir este post, no he leído ninguna información realmente asombrosa en esos papeles reveladores. Nada que no sea poco más que un cotilleo. Nada que no podamos imaginar. Saber lo que un embajador opina del presidente del país en el que trabaja, y cómo se lo cuenta a sus jefes, no me parece que suponga ninguna revolución. Y sinceramente, a estas alturas, quien crea que algún gobierno del planeta no tiene nada sucio u oscuro que ocultar, sería un ingenuo.

¿Qué cambia entonces? Insisto. ¿Somos más libres? ¿Estamos más informados? Sinceramente, creo que no demasiado. Lo que estamos es más entretenidos, hablando de todo, como si supiéramos realmente algo. Pero, si no aprendemos a pensar realmente por nosotros mismos, y a pararnos un poco para reflexionar sobre lo que nos cuentan, quiénes nos lo cuentan, cuándo y por qué, podemos caer en un grave error. La información, entendida como datos que se nos entregan, puede ser tan peligrosa como un balón de fútbol que se lanza al patio del colegio. Todos querrán darle patadas y mientras tanto, los profesores nos miran desde la ventana comprobando
que mientras jugamos con él, no queremos saltar la tapia
.

Y en nuestro patio actual, con el petróleo subiendo otra vez, los bancos dando beneficios mientras las familias y empresas no tienen acceso a créditos, y una carrera nuclear más que peligrosa que nadie parece poder parar, tenernos entretenidos con unos telegramas escandalosos, nos hace creer que tenemos el control. Nada como el miedo para tenernos alienados. El año pasado fue la gripe A, si es que existió.

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